A quienes lo apagaron.
I.
Yo me entero por el cielo
y después por el olor
pero Ester que va saliendo
se apura en confirmarlo
- hay incendio -
Ella viene
con el carro de la compra
y yo sigo sin prestarle
atención al susodicho
- pienso que es en Barnechea -
y no me doy por encendido
hasta que lo veo arder
atrás del Líder
Cuando tengo
esas llamas a la vista
me refiero - no a las rojas
con el borde anaranjado -
a las moradas - el asunto
es que entonces - más bien tarde
caigo en cuenta del peligro
Eso debido a las serpientes
que remontan la ladera
de aquél cerro indefenso
y al veneno de sus lenguas
inflamables que - uno a uno -
extermina aquellos árboles
robándoles tal vez
lo más preciado - su color -
Lo que ocurre tipo ocho
mientras que se pone el sol
y yo espero mi comida
Pronto un niño con polera
de la Cato´ le pregunta
a su papá por el estadio
II.
Luego el barrio aparece
en los canales de noticias
Que el número de ahumadas
se estima en cuatrocientas
y que los encantadores
de mangueras ya dispersan
el antídoto fluvial
que se emplea en estos casos
Que Conaf les ha provisto
de un arpón paralizante
que atraviesa - o debería
atravesarle - las escamas
al calor - que la alcaldesa
llama a no perder la calma
equipada con un traje
anti mordidas - es un día
veintinueve de diciembre
y hay sólo diez kilómetros
de viento suroeste
Cuando siento ese viento
en la cara - me refiero
al virazón - ese que entra
desde el mar - bueno - el tema
es que entonces - más bien pronto -
caigo en cuenta del final
que les espera a las serpientes
Sin embargo nuestro barrio
se mantiene en las noticias
y el incendio de la calle
de la plaza - sigue activo -
III.
Ahora el número terrible
se anticipa en ochocientas
por la culpa de un hombre
con cigarro - entonces sí
que me encaramo en una banca
desde donde se distingue
sólo humo a lo lejos -
sólo nubes cenicientas
como sangre de las plantas
que gotea hacia el cielo
Y empiezan a llegar
los helicópteros - primero
el de la tele hace un barrido
capturando el edificio
del vecino y los peñascos
ancestrales que coronan
nuestra vida cotidiana -
luego el verde nos ofrece
generoso apoyo aéreo
- y evacuar por un instante
es un verbo del idioma -
una palabra disponible
para ser utilizada
a discreción por el hablante
Entonces sí que me encamino
hacia la reja descubriendo
que a través de los barrotes
no podría ex filtrar
un bolso chico - o cien de ellos -
con mis libros - duermo mal -
Esa noche - desde el puente -
un cuchillazo a fuego abierto
en tu silueta - cordillera -
IV.
Crepitante - la batalla
continúa - las serpientes
acometen a los bravos
domadores con sus colas
combustibles mientras ellos
les disparan el ignífugo
sedante soportando
los embistes de la asfixia
Pero el viento está al tanto
de la ardiente desventaja
en que se hallan y no atiza
la contienda - sopla apenas
lo bastante para que
la tierra siga respirando -
lealtad que le agradezco
Aunque el incendio de la calle
de la plaza - sigue activo -
V.
A las ocho me despierta
el zumbido de un avión
Me refiero - por supuesto -
no al Cessna - al Súper Grande -
Ese camello artificial
- Quetzalcóatl del ingenio -
que acelera en auxilio
del paisaje chamuscado
- En efecto - sobrevuela
la quebrada con sus plumas
de aluminio las que casi
no agita mientras lanza
- no sé qué - pero pa´ abajo
de manera que - una a una -
van cayendo las serpientes
apagadas - me refiero
a las rojas y también
a las moradas - que se mueren
en la escena de su crimen
y una sangre es imposible
distinguirla de la otra
entre el humo que es uno
- sólo humo -
Y el incendio
de la calle de la plaza
por fin dice - controlado -
VI.
Yo me entero por el cielo
y después por el olor
pero Conaf que tiene redes
se apura en confirmarlo
El incendio de la calle
de la plaza - está extinguido -
Extraído de ¿ Usted cree ? ( Inédito ).
Tristán Vela, 2026.
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Nosecuenta.